LA AMISTAD

 

La amistad es un concepto interesante donde los haya, sobre el que no tiendo a tener una opinión coincidente con la mayoría. El principal punto, y haciendo ya spoiler, es que yo no considero que dos personas sean amigas simplemente porque así se consideren mutuamente. Para mí, la amistad no es algo tan fácil de alcanzar como para que alguien, meramente por proclamarse amigo, lo sea.

Puede que pienses que esta especie de “regla” es una locura, que entonces qué ocurre con las parejas. ¿no serían bajo este mismo punto de vista, sacadas de la definición? Mi respuesta es que no, porque los mínimos que requiere ser pareja, en mi opinión, son mucho menores que los de ser amigo. Ser pareja no requiere poco más que la proclamación de un interés romántico mutuo que se lleva a la práctica de manera estable. La pareja es algo más formal: puede que haya dos personas profesando aquel interés romántico, pero que, por no reconocerse cómo pareja, no lo sean.

Puede que te esté dando vueltas la cabeza y pienses que es exactamente igual con la amistad. Pero yo pienso que los mínimos son diferentes, la línea de cruce es diferente. La amistad no puede existir si la envidia por tu amigo es una emoción que toma frecuentemente el protagonismo en vuestra relación, si el engaño y la traición son un tema recurrente por mucho que lo toméis como que “nadie es perfecto” y demás sinsentidos que se suelen aplicar tanto para errores, como para “errores”. La amistad define un contenido moral en una relación, la pareja describe un contenido formal.

Está claro para mí, que tu puedes cocinar un pastel utilizando agua de alcantarilla, pero desde luego, quien conozca ese ingrediente secreto, no considerará ese pastel tan “pasteloso” como otro que este hecho con agua limpia. Algo así ocurre con la amistad: no tiene sentido si las emociones que provienen de ti son sucias y nada bienintencionadas.

Podrías quizá pensar que estoy metiendo en el mismo saco una mala amistad y una no-amistad. Pero no es así, una mala amistad para mi no existe, del mismo modo que no existe una mala confianza, una mala virtud, un mal perdón. Todas estas acciones o emociones son inherentemente buenas, y que pudieran ser malas acabarían con el concepto, lo cual no significa que no las haya mejores y peores, pero no puede haberlas malas. En cambio, la pareja es una caja que existe independiente de su contenido. Se puede ser mala pareja o mal padre, porque la existencia de esa relación poco depende de las acciones de cada una de esas personas. En cambio, la amistad está totalmente ligada a si haces actos amistosos.

Y no solo actos amistosos, sino actos amistosos con integridad. De nada sirven los actos amistosos si no los acompaña una buena intención, por eso la envidia y todos esos malos sentimientos hacia tu “amigo” también forman parte de la ecuación.

Hay quizá una conclusión preocupante de esta forma de ver las cosas que, sin embargo, no creo que esté muy desencaminada: has de tener cierta calidad moral para que tu interior pueda acoger algo como la amistad. Igual que no puedes cocinar con agua del alcantarillado, no puedes cultivar una amistad si en tu interior campan a sus anchas la envidia, el odio, el resentimiento o incluso fuertes pulsiones violentas. Todo eso no desaparece solo porque te eches un amigo, es lo que hay dentro de ti, y saldrá ante quien se ponga delante.

¿No tienen esas personas amigos entonces? En mi opinión tienen “lealtades”, que en muchos casos no son más que una forma de hipocresía: desapruebo determinadas acciones excepto si las hace mi “amigo”. Si dije que la amistad era básicamente componente moral, está claro que la lealtad lo tira por la ventana para convertirse en sí mismo en el único código moral necesario. La lealtad no necesita reflexionar moralmente, porque puede que sus conclusiones, si lo hace, le lleven a ser desleal. La lealtad es una forma de seguimiento, haga lo que haga la otra persona. Cosa que no veo muy compatible con la amistad.

En la lealtad, justamente porque no voy a comportarme moralmente quiero que, antes de tiempo, me confirmes que estarás de mi lado pase lo que pase. La lealtad incondicional eclipsa todo otro componente moral.

Conclusión: para ser amigo debes tener un mínimo de bondad que es, por supuesto, como todas estas cosas, no cuantificable, pero no por ello inexistente. Debes tener un mínimo de raciocinio, pues la amistad es suficientemente compleja como para plantear disyuntivas en las que la simple buena intención pueda salvar las cosas. En definitiva, la amistad no está al alcance de todos, por mucho que se autoproclamen amigos.

 


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