APROVECHEMOS EL ORGULLO!

Es posible que el orgullo sea, a día de hoy, una emoción de la que deberíamos sacar mayor provecho. Entiendo el orgullo como un sentimiento que surge ante tus logros, y no ante lo regalado y completamente fuera de tu control. Ante lo conseguido especialmente con esfuerzo, y no ante aquello sobre lo que jamás tuviste poder de decisión alguno, ni para bien, ni para mal.

Esto nos coloca en una posición en la que, ni nos podemos sentir orgullosos de nuestros padres ni del país en el que nacimos, pero tampoco avergonzados si sucediese algo que pudiese causar tal sentimiento. No tenemos culpa alguna en ninguno de los dos casos. Solo podemos sentirnos afortunados o desafortunados.

Es hora ya, por tanto, de sacudirnos de culpas que no nos pertenecen, y de separarnos de aquello que nos encadena de forma perjudicial, pues es estar atado a aquello que jamás elegiste de forma voluntaria no es más que una tortura injustificada.

Si te encuentras un billete de 200€ te sentirás afortunado y no orgulloso, y si te rompen un retrovisor del coche te sentirás desafortunado y cagarás en quien sea preciso, pero no te sentirás avergonzado porque eso haya pasado. Pasa igual con tus circunstancias familiares, políticas, etc. Nuestros orígenes no son más que la puerta de entrada a este mundo, y tenemos la capacidad de decidir cómo gestionamos los 200€ que nos hemos encontrado, o de cómo gestiono el incidente con mi retrovisor.

Al mismo tiempo, tenemos una plétora de oportunidades en esta vida para hacer cosas que nos hagan sentir orgullosos. No hay más que pagar el precio del esfuerzo, y sentar objetivos alcanzables para nosotros. Si nuestro orgullo se tiene que medir en función de las comparaciones con los demás, quizá ni el esfuerzo ni el establecimiento del objetivo sean aplicables a nosotros, y habremos transformado una oportunidad para ser felices con nosotros mismos, en un escenario que nos haga miserables.

Si no soy bueno en una asignatura y me cuesta aprobar, lo que me tiene que hacer sentir orgulloso es sacar un bien o un notable, no ser el más brillante de la clase, pues ese un objetivo al que quizá no esté en posición de llegar todavía con ninguna cantidad de esfuerzo a corto plazo, y porque quizá la causa esté en mi técnica de estudio y no en mi esfuerzo. Por lo que aspirar a un bien es algo que es alcanzable y se puede transformar en una oportunidad para mi felicidad. Si aspiro a ser el número uno, mi mejora jamás se trasladará en un sentimiento positivo, ya que habré situado mis metas muy lejos de lo que podría hacerme feliz.

No habrá escapado a la fina percepción de nadie que el sistema esta virando hacia un mundo en el que todas estas oportunidades de sentirnos orgullosos vayan disminuyendo. El sistema es blando, y estamos atentos a evitar constantemente las emociones negativas, que son las propias de cualquier reto. El camino no es evitarlas si no ir más allá de ellas, y para ir más allá de cualquier lugar tienes que pasar primero por él.

Si, en el ejemplo puesto antes, te apruebo sin más, acabo de quitarte la oportunidad de sentirte orgulloso y de mejorar. No hay ningún obstáculo que te plantee la necesidad de establecer una meta ni una estrategia. Y no vamos a negar que no tener que hacer nada puede ser una manera de hacer a la gente feliz. Pero no parece la mejor manera de hacer que la gente gane habilidades y se sienta útil. Y creo que podemos estar de acuerdo que seremos más felices todavía si nuestra felicidad incorpora también estas cosas, ya que teniendo habilidades y siendo útil, resulta que también podemos hacer felices a los demás.

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