LA MADUREZ

 

La madurez es un concepto que por lo general no se acierta a definir mucho. Parece uno de esos conceptos ambiguos y poliédricos que dependen del ángulo y de quién los vea. Sin embargo, yo no creo mucho en ese tipo de conceptos: debe haber algo en común en todas esas conductas si estamos utilizando la misma palabra para definirlas. Tiene que haber algún nivel de realidad en que esa palabra describe lo mismo en todas las circunstancias. Entiendo que, si fuera de otra manera, utilizaríamos una palabra diferente.

Para este tipo de investigaciones, me gusta irme a lo que queremos decir en el sentido más literal primero. Me gusta abstraer desde los mismísimos frutos a los que llamamos maduros, para irnos después a las personas a las que designamos de la misma manera.

Quien me conoce sabrá que no soy muy versado en frutas y verduras, pero creo no andar muy alejado si digo que un fruto inmaduro es un fruto que no está listo para comerse. Es un fruto que no ha alcanzado todavía las mejores condiciones que ese fruto puede tener, que tiene margen de mejora. Su sabor y textura están muy en bruto todavía y tienen algo de sofisticación que alcanzar. Bien, bajo esta perspectiva, creo que una operación razonable sería trasladar a humano el significado de estas cosas.

Creo que el factor principal, hablando humano, de una persona inmadura sería la impulsividad. Uno caracteriza de inmaduro a una persona que no sabe comportarse de acuerdo con la situación en la que se encuentra, que no interioriza las situaciones y que actúa inmediatamente y sin ningún control de la manera en que estas le hagan sentir e independientemente de las consecuencias.

En mi opinión, el antídoto contra esta impulsividad desmedida (algo de impulsividad si hay que tener) no es tanto el autocontrol (que también), sino la priorización. Para mí el factor más importante de la madurez es la capacidad para priorizar qué es importante para ti. El autocontrol solo te puede ayudar hasta cierto punto, pero la priorización es el alma y los valores de un ser humano, es lo que da sentido a tus acciones. El autocontrol por el autocontrol también es un sin sentido, y te otorgará apariencia de madurez, pero no se corresponderá con tu estado interior.

Bien puedes ser un ejecutivo ambicioso, autocontrolado (es decir, nada impulsivo) y motivado a alcanzar la cima y ser el mejor, pero si no tienes claridad de por qué eso es una prioridad para ti, ni hasta qué punto lo es, ni por encima de qué cosas, eres el peor tipo de inmaduro que hay ya que estarás disfrazado con el traje de persona madura y serás mucho más difícil de desenmascarar tanto para ti mismo como para los demás.

La madurez, en muchas ocasiones, consiste en poco más que en darse cuenta de lo esencial. En darse cuenta de que tantas cosas de las que te preocupaban dan igual, y que ser tan sensible a todo lo que te molesta está, en realidad, siendo un obstáculo para la consecución de lo esencial. Esto es directamente equivalente a admitir que la vida no es perfecta, que no vas a tener exactamente lo que quieres en las mejores condiciones posibles, y que tú decides si lo coges o no en las condiciones en las que se encuentra.

Cuando hay priorización no es necesario controlar la impulsividad, ya que la impulsividad es falta de dirección, y la priorización es su enemigo directo. Alguien que prioriza lo importante (para sí) es alguien que ha dejado atrás todo ese aspecto interior que obstaculizaba la visión de las prioridades, ya que la inmadurez es una forma de ceguera existencial. La madurez implica una sofisticación de ese fruto. La madurez implica que esa persona ha trabajado internamente y ha pasado por los niveles que ponen a prueba su impulsividad a través de las circunstancias de su propia vida, le haya tocado la que la haya tocado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿LA CRÍTICA ES MALA?

NECESARIA RUTINA

APROVECHEMOS EL ORGULLO!