GENERACIÓN DE CRISTAL
Supongo que todos sabemos más o menos a qué alude este
término. Históricamente se refiere a personas nacidas en el año 2000 en
adelante, que nacieron con la tecnología en sus manos, y para los cuales esta
constituye una realidad mucho más palpable de lo que lo era para generaciones
anteriores.
A parte de ello de este rasgo, también se caracteriza por una baja tolerancia a la frustración, una exigencia (a los demás) alta, esfuerzos normales (suyos) les parecen encomiables, ambición máxima, poca disciplina, etc. A esto podemos sumarle la promesa de la libertad financiera, ser nómada digital, criptomonedas, ser youtuber, tiktoker o instagramer (de éxito), “modelo” de Onlyfans y miles de cosas más que consisten en hacer cosas que no requieren esfuerzo o extravagantes, pero con horario (para poder llamarlo trabajo) y cobrar un pastizal porque hay gente que está dispuesta a invertir tiempo y dinero por ver a gente hacer cosas que les ayudan a pasar el rato.
No vaya a ser que acabemos en un trabajo que no nos “llena”, muy al contrario que hacerse fotos agachándote a coger el boli, o grabarte jugando a videojuegos durante todo el día todos los días. Lo que antes era un viciado de toda la vida al que había que apoyarle para que socialice y tenga amigos (que haya visto en persona a ser posible), ahora es un “gamer” que puede cobrar mucho más que los que le estarían ayudando a formarse en cualquier instituto o colegio.
El chaval en cuestión ya no necesita amigos porque puede hablar online con otros como él, y entonces pasa de viciado a gamer. Por lo primero te burlaban en el instituto antes, pero con lo segundo, ahora eres un crack siempre y cuando tengas a gente que esté dispuesta a darte los “likes” que le mendigues.
Antes tenías que tener presencia, saber hablar, estudiar algo que cumpla una función más o menos sin ambages en el mundo real. Tenías que desarrollarte. Ahora, si prestáis atención a cualquier anuncio, veréis que antes de prometerte que te vas a hacer rico, te tranquilizan diciéndote que no necesitas formación ni conocimientos previos, ni experiencia. Te tranquilizan diciéndote que no necesitas haberte desarrollado ni haberte esforzado. Que siendo el mismo niño que vive en casa de sus padres y no puede trabajar 8 horas sin que le aparezca la palabra explotación o Bangladesh, puedes ser tan rico como un millonario que con esfuerzo, conocimiento e ingenio haya levantado un negocio.
Antes nacías, crecías, tenías amigos y socializabas, y después apareció la tecnología, que podíamos usar como una herramienta para escuchar música o ver películas. Tus valores te los daban tus padres, tus amigos, tus libros, tus personajes inspiradores. Ahora que creces con la tecnología, la tecnología no es un añadido externo ni una simple herramienta. Hoy en día penetra, integra e informa tus valores, pues está en la médula de tu proceso de crecimiento. Tus valores, como Generación Z, no son paralelos a la tecnología, se forman dentro de la tecnología.
Se forman en Youtube, en Twitter, en Instagram. Tu yo real es el virtual, y por eso alguien sin presencia en la vida real puede triunfar en todos los ámbitos con ser un “Loquesea-er” de muchos seguidores. De allí vienen, en parte, los niveles record de ansiedad que disfrutamos hoy en día. Por la calle nadie se te acerca y te critica. En internet todo el mundo tiene la libertad de decirte lo feo, tonto y sin talento que le pareces, pues eres tú el que se expone al publicarla para que te digan lo bonito que eres. Estás constantemente expuesto a eso, y resulta que es tu yo real, porque fuera de eso sí que no eres nadie.
Seré todo lo reaccionario que se quiera, y mi tipo
psicológico lo apoya. Sin embargo, que esté sesgado en esa dirección no es
prueba de que sea la equivocada. No soy fan de la tecnología y mucho menos de
la inteligencia artificial, está avanzando demasiado rápido, somos cada vez más
los “bárbaros especialistas” de los que hablaba ya Ortega y Gasset, y se ve que
vamos cuesta abajo y sin frenos. Para mí, mucho más sanos aquellos botellones
en el parque (aunque yo jamás haya participado en uno), que las borracheras de
atención que necesita a día de hoy el adolescente (y no tan adolescente) medio.
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