EL SUFRIMIENTO

¿DE VERDAD EL SUFRIMIENTO NOS HACE MÁS FUERTES? 

El sufrimiento es común al ser humano y no, no nos hace más fuertes ni mejores ni nada por el estilo. Si te dan un ladrillazo en el brazo, tu brazo no se hace más fuerte, si no que quizá tengas que ponerte una escayola, y tengas que pasar por un tiempo de recuperación. Y una vez te recuperes, deberás tener más cuidado con el brazo, porque no estará más fuerte. Lo mismo pasa con nuestro mundo interior, pasamos por experiencias difíciles e hirientes, que no nos hacen más fuertes, sino que nos dejan traumas y heridas de las que nos tendremos que recuperar, y si acumulamos muchos, seremos más frágiles de lo que seríamos sin ese sufrimiento.

El caso de la pandemia es paradigmático en esto. ¿Quién salió más fuerte? Salimos jodidos, muchos de nosotros vivos, pero jodidos. Sobrevivir a algo no significa que seas más fuerte, a lo mejor ese mismo golpe al que has sobrevivido, si ocurriese una o dos veces más cambiaría la historia. Alguien más fuerte los aguantaría cada vez con más facilidad ya que se hace más fuerte en relación con el golpe, a alguien más débil le harían más daño que las primeras veces, ya que le está debilitando cada golpe.


IGUAL A VECES SÍ ES NECESARIO

Hay, sin embargo, ocasiones en las que sí que salimos fortalecidos: Cuando el sufrimiento o la dificultad está a la altura de nuestras fuerzas. Cuando no es demasiado para nosotros y nuestra capacidad de sufrir. No es que la vida sea especialmente cuidadosa contigo y solo te presente retos que sabe que puedes ganar si te esfuerzas. Para eso están los padres, para actuar de filtro de tus sufrimientos, eliminando aquellos para los que no estás preparado, y dejando que “pases” y experimentes las dificultades propias de tu edad.

Cuando esto ocurre te haces más fuerte y eres capaz de soportar la mayoría de las dificultades que te presenta la vida. Cuando no ocurre, cuando las experiencias no están a tu nivel de fuerzas, pasa lo mismo que si intentases levantar en el gimnasio un peso para el que no estás preparado: te lesionas, te rompes algo. A esta ruptura, psicológicamente, se le suele llamar trauma, que al no haber sido curados nos lo llevamos hasta la vida adulta y nos hacen infelices. Allí es cuando hace falta la ayuda de un profesional que nos ayude a curar todas las lesiones que se produjeron al intentar levantar un peso demasiado grande de manera prematura.

Y sobrevivimos a él. No morimos, y superamos esas situaciones en el mundo físico, pero quizá no en el plano mental, incluso cuando nos olvidamos de ellas. Es probable que si te has roto el brazo te acuerdes de cuándo y dónde, pero acordarse de cuándo ocurrió no es ningún requisito imprescindible para que tu brazo esté roto.

¿DOLOR INEVITABLE Y SUFRIMIENTO OPCIONAL?

Siguiendo mi línea argumental, esta frase no puede ser cierta. Hay sufrimiento innecesario (y también necesario), pero el hecho de que sea innecesario no significa que sea opcional, si entendemos por opcional algo escogido, algo por lo que se ha optado.

Si un niño de cuatro años ve morir a sus padres y luego experimenta una vida de maltrato hasta su vida adulta, esa persona habrá sentido mucho dolor y hará pasado por mucho sufrimiento. Creo que podremos convenir que uno y otro tendrían, en este caso, poco de opcional. Incluso ya en su vida adulta, por mucho que tenga uso de razón, no creo que eso vaya a convertir su sufrimiento en algo más opcional de lo que lo fue en su niñez. La ayuda psicológica sería su mejor baza, y tampoco sería una garantía absoluta.

Este sufrimiento es negativo, y probablemente inevitable. Pero también está el sufrimiento que mencionamos anteriormente: aquel que produce crecimiento. Ese está a la altura de nuestras fuerzas, y si nos esforzamos quizá lo superemos. Ese sufrimiento es quizá opcional, ya que uno podría escoger, en algunos casos no pasar por desafíos que le van a hacer sufrir, como recibir el rechazo de la chica que te gusta, por ejemplo. Sin embargo, cuando decimos que es opcional, parece que estuviéramos diciendo que debiera descartarse, cuando en realidad, este sufrimiento debería escogerse activamente y utilizar los recursos al alcance para superarse y crecer.

La conclusión es que todo tiene una justa medida. El sufrimiento tiene unos ritmos, y el mismo hecho no causa el mismo sufrimiento a todas las personas. De hecho, hay acciones que, mientras a unos le causa sufrimiento, a otros les puede causar motivación o incluso placer (véase el masoquismo), y hay gente que puede pasar por experiencias más duras más temprano y otros que no. Hay sufrimientos que aunque podamos superar, no nos aportan nada, hay sufrimientos que a algunos le resultan irrelevantes.

Si queremos elegir qué tipo de mejor persona vamos a pasar, quizá sea hora de empezar a elegir no solo nuestro menú en el MC Donald’s, sino también nuestro menú de sufrimiento. En este sentido, claro, si sería opcional.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿LA CRÍTICA ES MALA?

NECESARIA RUTINA

APROVECHEMOS EL ORGULLO!