LA GENEROSIDAD EGOISTA
La generosidad es uno de los valores por excelencia. Es aquel valor igualador que acerca a los que se encuentran en mejor posición para nivelarlos con los que se encuentran en peor posición. Es un valor indispensable y que traspasa las fronteras de lo humano, pudiendo encontrar generosidad no solo dentro de los grupos de otras especies animales, sino también entre los grupos de distintas especies.
Por suerte este valor tan indispensable tiene mucho de instintivo, porque es un valor de poco sentido racional, ya que hace sentir mejor al que tiene menos de lo que tenía antes de ejercerlo. Esta ayuda y ensalzamiento del prójimo tiene sus límites, que principalmente y como es de esperar, se encuentran en el momento en que perjudica gravemente el que ejerce tal generosidad.
Si doy mucho más allá de lo que me sobra, empiezo a ser más escrupuloso con la ayuda que presto, ya que, como no me sobra, quiero tener un buen motivo para darlo. Nuestra psicología dice que, si al final no lo aprovechamos nosotros, que sea por una buena causa. Si no lo aprovechas, si lo que te doy no te mejora como persona, querré controlar lo dado, por lo que aquella generosidad que proporciona cosas a los demás sin mirar qué hacen con ello, se ve obstaculizada por estar dando más de la cuenta. Porque como doy más de la cuenta, rápidamente mi generosidad se convierte en reproche.
Por supuesto, la generosidad es relativa a lo que uno tiene, no es lo mismo que alguien que tiene dos de lo que sea, dé uno, que una persona que tiene cien de eso mismo, dé cinco. Da más en términos absolutos aquel que da cinco, pero él está dando el cinco por ciento, mientras que el que da uno de dos, está dando la mitad. Desde luego, quizá quien esté ejerciendo la generosidad de la manera correcta sea el que da el cinco por ciento, no entramos en eso ahora. Pero es evidente quién de los dos asume mayor sacrificio.
Al mismo tiempo, tengamos también en cuenta que la generosidad es relativa a la época. Uno es generoso cuando da algo de valor y renuncia a quedarse él con ese valor. En otras palabras: lo generoso que seas depende también de a cuánto renuncias al dar lo que das. Si pensamos en una cantidad equivalente en los años 1900 versus 2024, encontraremos que la cantidad de cosas que puedes hacer con esa misma cantidad varía mucho. Eso es porque a día de hoy puedes viajar barato, puedes ir a un hotel de cinco estrellas, al parque de atracciones, conducir karts, realidad virtual, etc. Si renuncias a dicha cantidad en 2024, te estas perdiendo muchísimas más cosas que si renunciases a ella en 1900.
Entiendo que esto contribuye a nuestra era individualista, a que hoy cueste más ser generosos. A pesar de que seamos los seres humanos más ricos de la historia de la humanidad, y que la humanidad haya llegado hasta aquí a base de compartir y ser generosa, hoy sentimos que no nos sobran ni cinco céntimos. Siempre podríamos comprar algo con ello.
La vida de hoy nos lo pone más difícil, ya que no todo lo
que vemos tiene tanto valor, y el esfuerzo por discriminar y ser mejor persona
a través de la generosidad tiene que seguir siendo algo a lo que aspiremos como
humanidad.
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