EL ENGAÑO

El engaño consta de víctimas, que son el objetivo y cuyas ideas pretendo manipular a través de mis palabras y acciones para que crea algo determinado, que puede ser diferente a lo que pensaría gracias a mi intervención, pero contrario la realidad. Si no fuera contrario a la realidad, podrías simplemente hablar de manipulación, pero no de engaño.

Hay algunas técnicas de este loable arte del engaño, en el que hay profesionales (políticos) y no profesionales, que bien por el talento que demuestran podrían perfectamente ganarse la vida con dichas artimañas. La más burda es la técnica de la mentira. Es simple y, como se dice, tiene las patas cortas. Es tan simple como afirmar algo contrario a los hechos que no uno conoce. Ikram Antaki dijo que mentir no es afirmar lo contrario a la realidad, sino afirmar lo que sabes que no crees. A mí eso me parece más bien insinceridad y no necesariamente mentira, pero bueno, se capta la idea.

El mejor engaño se realiza a través del autoengaño. Los actores son personas que controlan sus autoengaños al nivel de poder autoproducirse respuestas fisiológicas como el llanto, la risa o el dolor. Nadie transmite mayor convicción que el convencido. El psicópata también es bueno en el engaño, quizá porque carece de los reflejos fisiológicos propios de alguien que esta mintiendo. Sus carencias emocionales jugarían a su favor.

La exageración y relativización son deformaciones de la realidad que cumplen bien la función de instalar ideas equivocadas a la víctima. Achicar lo grande o agrandar lo pequeño son técnicas que, bien empleadas, pueden girar totalmente a balanza a favor de uno. Estas dos últimas son estrategias de deformación de la realidad, pero también las hay de ocultación, de borrosidad, como es la ambigüedad. El dar respuestas vagas y rangos amplios con el fin de ocultar la realidad. No se deforma, si no que impide una formación precisa en la cabeza de la víctima.

Hay niveles de sutileza en el arte del engaño, que requieren grados de maestría incomparables y que reflejan una amplia experiencia en dicho arte. Uno puede utilizar todas estas técnicas anteriores, junto con la técnica de la omisión y muestra de la realidad que me conviene. De esta manera puedes engañar a alguien sin necesidad de decir una sola mentira. De hecho, si practicas el autoengaño como se debe incluso puedes llegar a tener la conciencia tranquila.

Estas últimas técnicas tienen el objetivo de pintar una imagen de la realidad en la víctima, que ni siquiera precisa preguntas. Si muestro una gran cantidad de fotos cada vez que estudio o estoy en la universidad, ¿Cómo ibas a imaginar que mi vida es fiesta y juerga? Y como jamás manifesté lo contrario, no se puede decir que haya mentido. Como pinté ese cuadro en tu cabeza a través de esas imágenes, tú jamás te sentiste con la necesidad de preguntar, y puedo aducir el malentendido a tus asunciones gratuitas y prejuicios.

Hay situaciones o profesiones en las que, si tienes que hacer promesas o decir cosas, tendrás que recurrir a la relativización y la ocultación e incluso a veces a la mentira. El profesional de estos artes evita mentir a no ser que sea estrictamente necesario, pues la mentira es lo único que castigan los ojos poco entrenados en este juego de ilusiones.

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