LOS CAMINOS Y COSTES DE LA VIDA
La posmodernidad de hoy en día no es más que un montón de gemas brillantes distribuidas por el suelo que tapan las líneas que marcan los caminos por los que te gustaría ir ¿Te gustaría ir por el camino que más satisfacción y más satisfacción te va a proporcionar? Estoy seguro de que sí. Pero no me vas a negar que también te gusta contemplar todas esas gemas preciosas que se presentan en forma de Iphone 3000 que te compras con el dinero que no tienes, esos viajes a Hawai, PUBS por encima de tus posibilidades, personas que no te convienen, pero “son tu tipo”, y todas experiencias que el dios Carpe Diem te susurra al oído. Ya tendrás tiempo de ponerte serio cuando seas mayor, ahora vive ¡eres joven!
¿Te imaginas que los camino bajo las gemas preciosas que lo
tapan fueran infinitos? ¿Qué pudieras llegar tan lejos en esos caminos de
manera infinita? Si eso fuera así, si empezases tarde, puede que en muchos
casos te quedases crónicamente retrasado en comparación con los que empezaron
antes. Es incluso posible que, en tu exploración de todas esas gemas preciosas,
fueses siguiendo la estela de las gemas que más te gustan y dicha exploración
te alejase cada vez mas de los caminos más satisfactorios. Es también posible
que si, al haberte cansado de explorar tantas gemas, descubrieses el suelo de
un barrido y te encontrases en un punto avanzado de uno de tus caminos
deseados. O es posible (o incluso probable) que no encontrases camino alguno
por mucho que fueras ampliando el radio del barrido.
Si sales de una relación tóxica o has caído en un círculo
vicioso que te ha llevado a la más oscura profundidad, es posible que dicha
experiencia te haga renacer muy por delante de los que ya estaban transitando
ese camino. También puede ser que esa forma de vivir te haya hecho estancarte
en ese estilo de vida y no puedas encontrar camino alguno en todo el vasto
espacio.
Si coges el hábito de vivir de cierta manera, parece más
probable que te vaya siendo cada vez más complicado abandonar dichos hábitos, y
menos de repente el día que decidas que ahora ya te vas a poner serio.
Nuestros abuelos ya descubrieron cómo hay que vivir, no
necesitamos venir nosotros a reinventar las reglas de la vida, solo mejorarlas
poco a poco. Convertir la vida en algo tan ridículo como una obscena fiesta
hedonista de playa y sol hasta la tumba es el tipo de vida más insustancial que
me puedo imaginar. Desde luego no estoy diciendo que quien viva así tenga una
vida vacía, digo que quien solo aspire a eso probablemente necesitará la
mansión en cuestión para tapar el enorme agujero negro de vacío existencial que
albergue.
Que todo tiene pros y contras es algo de lo que parece que
nos hemos olvidado, motivo por el cual buscamos la vida perfecta y buscamos una
satisfacción completa, y no una satisfacción suficiente. Si todo tiene pros y
contras, quizá convenga no olvidar saber cuáles son las contras de tus
elecciones, y si te los puedes permitir. Nada es gratis, todo se paga. El único
regalo es tu vida, que te ha sido dada sin previo pago, por lo que convendría
no olvidar la cualidad “milagrosa” y sagrada que tiene. Pero todo lo demás se
paga.
Tener demasiada predisposición a ignorar los contras es entrar en una tienda y creer al vendedor que te diga que puedes llevarte lo que quieras al salir por la puerta. Quizá un Gen Z de estos sí que se lo llevaba sin más, pero los demás que tenemos sentido común desconfiaríamos profundamente. Nos olvidamos de que el resto de la vida no es tan diferente de esto. El resto de la vida no es mucho menos transaccional que esto en la mayoría de los casos. Al hablar de relaciones humanas, la generosidad (unilateral), en muchos casos, no es más que un consumidor que no reclama sus derechos o un vendedor que no ve que está perdiendo dinero y está haciendo un mal negocio.
Siempre tenemos que saber donde está nuestro coste y donde esta nuestro beneficio. Por supuesto el coste no es ni se percibe igual para todo el mundo. Si tu trabajo te gusta, el coste se invierte y parece que es todo beneficio. Pero no olvides que estas pagando el coste que el jefe requiere que asumas para que te pague él a ti. Que tú lo percibas como coste o no a él le trae sin cuidado. Si alguien te parece perfecto, pregúntate cual es el coste ¡a veces el coste eres tú mismo! El coste es todo lo que tendrías que crecer como persona para tener una relación saludable con aquella otra. Lo cual es uno de los costes que la mayoría jamás está dispuesta a pagar.
Incluso de vuestro hijo se espera un pago presente y futuro
en forma de amor por ti. Con mayor gratitud se cuida de los padres cuando el
cuidado procede de la profunda gratitud de los sacrificios pasados.
Hay también quien piensa que el coste de criar a sus hijos
es tan bajo como comprarles lo que quieran. El coste allí eres tú, y tu negocio
entrará irremediablemente en bancarrota cuando al crecer no tengan beneficios
que aportarte ni a ti ni a su entorno.
La única persona a la que no le debes coste es a ti mismo,
no tienes que hacer nada para quererte. No solo puedes serte incondicional,
sino que más te vale serlo. No necesitas ser más guapo, ni más listo para
quererte. Tu vida y tú sois virtualmente el único regalo posible. Como dice el
anuncio, para todo lo demás, Máster Card.
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