EL PLACER DE LAS GRANDES COSAS

Vivimos en la cultura de la autoayuda y la autoprescripción, en la que encontraremos a través de videos de youtube y tik tok numerosos maestros y gurús que nos darán soluciones iluminadoras acerca de qué hacer con nuestra vida y como conducirla. Muchas de estas páginas están fuertemente orientadas a mostrarnos sus grandiosas recetas para el éxito, pero no contentos dicha sabiduría, también están preocupados de equiparnos con el “mindset” adecuado para comernos el mundo.

Esas soluciones son “one size fits all”, universales, valen para todo el mundo en cualquier circunstancia y en cualquier momento. Son soluciones que le valen a Skrilezzxx98 el gamer, y que le valdrían a Aristóteles si estuviese vivo. Son soluciones que, desde luego a Aristóteles, por muy genio que fuese, jamás se le ocurrieron, ya que él solo leía y escribía libros. Le faltaba eso que Luis Fernández Sánchez si ha tenido: experiencia. Nada como la experiencia de tu primer millón, ya sea de euros o de suscriptores.

Para qué tanto libro cuando te puedo contar mi experiencia y lo que me ha funcionado para que lo apliques tú también a tu vida y le des la vuelta como un calcetín. Para que tanto libro pero, no te olvides de comprar el suyo. Asimismo, también Luis te dará consejos sobre cómo no estar deprimido, mejorar la relación con tus familiares y amigos, conseguir la pareja que siempre has querido… consiste en un sencillo paso: engrosa tu cuenta bancaria.

Esta filosofía es hoy en día ampliamente comprada por mucha gente. Muchas veces es que no creen en los métodos de Luis, ya que como él hay muchos por internet, que te darán una Master Class de cómo ser millonario en 5 cómodos pasos, sin necesidad de formarte en nada, funcional pero requiere algo de trabajo, etc. Pero, aunque no crean en los métodos de Luis, no están tan en desacuerdo con que todo problema que te aflija es principalmente económico.


Si no estás feliz es principalmente porque no te puedes pegar unas vacaciones a donde te gustaría, porque no te puedes comprar un cochazo o porque tienes que vivir de alquiler (si es que puedes) y no “tener algo tuyo”. Tengo que llenar mi vida de cosas tan sensorialmente agradables como sea posible, y si no puedo estar contento con mi cartera, al menos puedo ir al gimnasio y estar contento con mi cuerpo y ser fitness.

Vivimos en el mundo de la “libertad financiera”, donde puedo aplicar dos o tres soluciones inteligentes y millonarias a través de internet para dedicarme a viajar el resto de mi vida, o lo que es lo mismo, dedicarme a adornar mi cuenta de Instagram, Tik Tok o la siguiente red social de turno.

Esto apunta a un problema profundamente triste. Ver tantas fotos nos ha lavado el cerebro con que la vida no es más que experimentar sensaciones nuevas. No hay nada más importante en la vida que decir “yo he estado allí”. Y no es mi intención menoscabar la importancia de vivir sensaciones nuevas, pues la relevancia de tal cosa es indiscutible. Mi intención es llamar la atención sobre el método de empleo.

El método de empleo no es otro que su utilización como analgésico ante el dolor de una vida triste gobernada por la rutina. Y a veces el problema no es una vida rutinaria, pues tal cosa es imprescindible para cualquier sociedad funcional, sino el superponer sobre tu rutina sublimes deseos sobre playas en el caribe y restaurantes con candelabros decimonónicos y vestuario de etiqueta, alternando con PUBS con más neón que la tabla periódica.

Lo triste de todo esto que la felicidad, o simplemente nuestro bienestar psicológico depende cada vez más de un montón de condicionantes externos que, funcionalmente, actúan como drogas por las que sufrimos abstinencia. Poco control de nuestro bienestar tenemos, y poco de lo que nos gusta se basa en leer un buen libro o tener una conversación en un bar normal y corriente, o simplemente en dar un paseo con o sin compañía.

Todo ello son cosas que, tristemente, recordamos, añoramos y perdemos la salud mental por ellas solo cuando estamos confinados en una pandemia. Tan pronto como nos vuelven a dejar salir nos acordamos de que la vida es una, y de que solo tenemos una oportunidad para ponernos las gafas de Paris Hilton e irnos a Dubai a ver rascacielos. Esos pequeños placeres solo se añoran en mitad del estrés.

Lo triste es que todo aquello a lo que confiamos el poder de hacernos felices, es que está todo fuera de nosotros, y el hecho de que no esperemos encontrar nada dentro de nosotros mismos capaz de hacernos felices, no es más ni menos que la definición del vacío
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