LA FELICIDAD ESTÁ CARA

 

El mundo está caro, pero no solo económicamente, sino que creo que hoy la expectativa puesta en el nivel de satisfacción necesario para poder considerarte feliz es mucho más alta.

Hoy para alquilar o comprar una casa debes tener 20 años de antigüedad en la empresa, el sueldo de un astronauta y los ahorros de Warren Buffet a cambio de tener el privilegio de vivir en lo que antes se llamaba trastero.

Para obtener un trabajo mínimamente interesante debes tener 5 años de experiencia, un par de másteres, C2 o superior en inglés, y disponibilidad para trabajar por lo menos 26 horitas al día, carné de conducir turismos, autobuses y lanchas, ¡ah! Y disponibilidad para viajar por lo menos a Nepal o Yemen durante unos meses. Solo así podrás disfrutar esos 1.500 eurazos y situarte en ese selecto grupo del 90% más rico de la población.

Para entrar en una relación los requisitos son más razonables: medir mínimo 1.90m, 6 pack abdominal con posibilidad de ampliación a 8, ser abogado, médico o equivalente, tener un CI de por lo menos 170 puntos y el mundo interior de Tolkien, la confianza de Churchill, la sinceridad de un polígrafo combinado con la sensibilidad de Bécquer. Así tendrás el privilegio de estar con alguien que se hace fotos muy bonitas a sí misma, con Instagram (o red social que corresponda) para demostrarlo, y que espera que le leas la mente como remedio a su inexorable falta de compresión por tu parte.

Nótese que me he puesto en el lugar del hombre en el último punto porque, al igual que el casero que te alquila el trastero y el empresario tiburón, la chica es quien entrevista, al menos inicialmente, al chico y es la que selecciona entre una plétora de hombres y chicos que hasta el momento solo han intimado con sus propias manos.



Y, por último, para ser feliz, los requisitos mínimos no son ni más ni menos que viajar fuera del país un par de veces al año (o al mes, quien sabe), una casita de nada consistente en un chalet de tres plantas con piscina y tu perro Bobby. Ahí fuera hay alguien destinado para ti, que sin duda encontraremos si cambiamos suficientes veces de pareja o esperamos como Penélope a Ulises pacientemente la llegada a Ítaca. Todo el mundo sabe que el futuro solo trae cosas buenas si lo deseamos muy fuerte, lo dice un libro.

Espero que este relato un tanto hiperbólico sirva para ilustrar que tanto las expectativas delirantes de los demás como las nuestras propias se interponen en el camino de nuestra felicidad. ¿La felicidad está en las pequeñas cosas? Por supuesto. Esas cosas que solo valoras cuando te las quitan, y que no recuerdas que tienes que valorar cuando te las devuelven.

El mundo se dio cuenta de cuanto necesitaba disfrutar de la sencillez de un paseo o de la compañía humana durante la pandemia. Pero una vez salimos, pasear se volvió a convertir en lo que era antes: una extraña actividad que hace la gente con perro. Tomar algo con tus amigos remitió a lo que era: mirar tu móvil con compañía. Lo único que te recuerda que no estás en tu casa es que al final viene alguien a darte la cuenta.

La realidad está complicada, pero desde luego no somos de ninguna ayuda.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿LA CRÍTICA ES MALA?

NECESARIA RUTINA

APROVECHEMOS EL ORGULLO!